COMPARTIENDO EL EVANGELIO

La liturgia de hoy nos invita a reflexionar sobre nuestra actitud creyente ante las dificultades de vivir y anunciar a Jesús como el Hijo de Dios. Una actitud que pasa por nuestra conversión continua y permanente al Evangelio, conversión personal, social, cultural. Acogiendo el viento del Espíritu en nuestras vidas, se hace posible el fortalecimiento del reino de Dios entre nosotros. La osadía de ir al encuentro personal con Jesús, aunque sea de noche, para contrastar inquietudes, preocupaciones y esperanzas, es el camino para fortalecer nuestra vida de fe.

Y predicaban con valentía la palabra de Dios

Ciertamente no fue fácil para los discípulos y apóstoles afrontar la realidad en la que se encontraban. Aunque personalmente creo que muchas veces nos olvidamos del contexto en el cual ellos y ellas vivieron y anunciaron a Jesús como el Hijo de Dios.

Según el Evangelio de Juan, el verdadero motivo por el cual Jesús es crucificado (en un lenguaje actualizado podemos decir torturado y asesinado) es el hecho de presentarse como Hijo de Dios: “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se hace hijo de Dios” (Jn 19, 7). Por tanto, anunciar a Jesucristo es una actitud osada, valiente y peligrosa. Cuestionar a las autoridades, puede ser encuadrado como atrevimiento e imprudencia. Pero la experiencia de Jesús resucitado y la fuerza del Espíritu los lanza a actitudes que por si mismos nuca hubieran adoptado.

La primera lectura nos comparte cual fue la actitud de Pedro y Juan una vez que regresaron a la comunidad: relatar lo que les había ocurrido en el encuentro con los sumos sacerdotes y ancianos y orar. Una oración contextualizada a la luz de la Palabra. Una oración de intercesión para ser fortalecidos y continuar predicando, anunciando a Jesucristo.

La primera comunidad cristiana no pidió a Dios que las dificultades y problemas desapareciesen de su horizonte para poder vivir y anunciar el reino de Dios con tranquilidad. La primera comunidad cristiana fue aceptando, en lo más profundo de su ser, la identidad de seguidores de Jesús resucitado y “el discípulo no es mayor que su Maestro” (Lc 6, 40).

Tenéis que nacer de nuevo

El Evangelio de hoy nos presenta el diálogo de Nicodemo con Jesús (probablemente, un diálogo entre tantos otros). Sabemos que Nicodemo formaba parte del Sanedrín y que tenía cierta autoridad y posición social. Probablemente él hacía parte del grupo de personas que se sentían atraídas por Jesús, que experimentaban inquietud, que múltiples preguntas, de esas que tienen fondo y sabor, les habitaban.

Este fragmento del Evangelio nos presenta una catequesis, en la cual Jesús comparte que apremia dar un paso más. No podemos quedarnos solamente en una experiencia que inquieta, que atrae, que nos interpela y nos hace sentir bien. Es necesario dar el paso de la fe, es imprescindible “nacer de nuevo” para que el reino de Dios se haga presente en nuestra realidad y para ello hay que asumir una nueva forma de vivir que brota del Espíritu y que ésta sea acogida con amor y osadía en la propia vida.

Sin embargo, Nicodemo no consigue comprender a Jesús. Por eso responde dentro de los límites de su comprensión: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?

Jesús invita a dar un salto: la fe no es el resultado de una respuesta humana, es la consecuencia del encuentro personal con Dios. La realidad humana y la experiencia de Dios se combinan y entrelazan en la vida del cristiano, haciendo posible que fortaleza, osadía y alegría se entretejan con fidelidad. Por eso, la Pascua, y cada día de nuestra vida, es una oportunidad para nacer de nuevo y permitir que el Reino de Dios sea posible entre nosotros

JESUCRISTO HA RESUCITADO 

Hno. Rafael Romero. Evangelizador Digital 

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