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COMPARTIENDO EL EVANGELIO

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Tú juzgas rectamente Se nos presenta en la primera lectura la oración de súplica que lanza Jeremías por todo lo que Dios le ha revelado que quieren hacer con él, el cordero manso, fiel a Dios. El profeta que siempre denuncia al pueblo su alejamiento de Yahvé, el culto que tienen a los dioses y todos los pecados que están cometiendo, eso no gusta a nadie y quieren desprenderse de él. "Talemos al árbol en su lozanía que su nombre no se pronuncie más". También lo harán con Jesús y con tantos profetas de nuestro tiempo que se ponen al lado de los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad y siguen denunciando los abusos de poder, maltratos y pecados que ahora también se cometen. Pero nuestra causa, igual que Jeremías, siempre la debemos poner en manos de Dios. El es el único que ve el corazón de cada hombre, la rectitud de las conciencias y al fin el "único que nos ama de verdad y juzga  rectamente".   Jamás ha hablado nadie así Juan en este evangelio, cuando ya estam...

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Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo Comienza con un diálogo entre rey David y el profeta Natán, quien aparece por vez primera en el Antiguo Testamento. Se trata de que David tome conciencia, a través de las palabras de Natán, de que él no se crea tan importante; no va a construir ningún templo, sino su descendiente Salomón, aunque para su consuelo, su dinastía y su reino estarán para siempre seguros bajo la protección del Señor y que su trono quedará establecido para siempre. En esta esperanza está el germen de la esperanza mesiánica del pueblo de Israel. Esta promesa se considera uno de los textos más significativos del Antiguo Testamento. En este texto, la Iglesia primitiva supo ver desde el principio, el sentido de la descendencia davídica de Jesús. Jesús no podía descender de cualquier familia judía, sino debía estar entroncado con la realeza. José, lo era según la genealogía de Mateo y, por tanto, Jesús será el nuevo rey de Israel que instaurará un nuevo Reino/Prese...

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El Señor se arrepintió de la amenaza... Este pasaje de la primera lectura nos recuerda uno de los momentos, podemos decir de los malos momentos, que vivió la alianza que Dios había hecho son su pueblo. El pueblo da la espala a su Dios: “se ha hecho un toro de metal, se postran ante él… y proclaman: Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”. La primera reacción de Dios es la de un fuerte enfado que se traduce, en diálogo con Moisés, en querer abandonar a su pueblo a su suerte: “Mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos”. En estos momentos, sobresale la figura de Moisés, como el gran intercesor a favor de su pueblo, suplicando a Dios, con diversos argumentos, que le perdone y le siga considerando como su pueblo y no deje de ayudarle, y no le retire su protección y amistad. “El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo”. Cuando llega Jesús, el Hijo de Dios, sobresale su actitud siempre perdonadora con los pecadores. Sus enemigos le acus...

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Cielos nuevos y tierra nueva Estamos en los últimos capítulos del libro de Isaías, dónde un profeta anónimo, llamado “trito-Isaías” nos invita a reflexionar cómo Dios cambia el orden de las cosas, de las situaciones vitales y personales, aunque la persona o el pueblo no quiera o no busque al Señor. La respuesta a la iniciativa generosa de Dios determina el destino de cada ser humano y nuestra relación personal con Él. Dos pilares fundamentales para la vida del creyente sostienen la lectura de hoy: por un lado, la memoria de Dios es “flaca” para recordar el pasado de sufrimiento, maldades pecado, esto quedará en el olvido; y por otro, Él establecerá en medio de su pueblo la alegría plena y total, el gozo definitivo. La creación de esa alegría tiene como consecuencia el abandono de la memoria que sostiene los acontecimientos de dolor y de sufrimiento que pueden paralizar su acogida. El ser humano en ocasiones se obstina en las situaciones de sufrimiento y se siente incapaz de acoger lo b...

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Esforcémonos por conocer al Señor Vamos a volver al Señor.  Este capítulo seis de Oseas es titulado como “ vuelta superficial a Yahvé ”. El miedo, la angustia, la desesperación ante situaciones que nos sobrepasan, nos hacen reflexionar y volver al Señor:  él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará.  Pero tendríamos que preguntarnos si nuestro deseo de volver al Señor, el único que puede salvarnos y darnos vida verdadera, es sincero o es superficial. Si acudimos a Él como si se tratara de un “fetiche” para que “nos saque las castañas del fuego”, o si realmente y con sincero corazón, acudimos a Él como nuestro Dios y Señor, que nos ama, nos cuida y nos corrige, como un Padre, para nuestro bien. Esforcémonos en conocer al Señor. No se ama lo que no se conoce y cuanto más conocemos de algo o de alguien, más lo amamos.  “Al conocimiento sigue el amor. Y amando, el alma procura ir en pos de la verdad y revestirse de ella”  (Santa Catalina de Sie...

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Exhortación y promesa En esta lectura, final del libro del profeta Oseas, es una exhortación y una promesa dirigida a su pueblo. Es una exhortación y una promesa permanente para nuestra vida.  La liturgia nos las recuerda en este camino cuaresmal de conversión. La conversión, siempre es un volver al Dios de la creación, al Dios que ama, acompaña y conduce a su pueblo, de ahí la invitación constante y permanente a “volver al Señor”. Volver a renovar la alianza pactada con Dios y apartarse de otros dioses hechos de manos humanas. Volver a religarse con Él. En este caminar cuaresmal se nos invita también a nosotros a volver al Señor, a descubrir que es Él, el que nos ama, el que nos acompaña en este caminar. Este volver exige ver a qué dioses servimos y seguimos en nuestra vida, eso, igual nos están haciendo olvidar al Dios que por amor nos da la vida, por amor cuida y vela por nosotros y por amor quiere que confiemos en Él. Este libro del profeta desde el comienzo hasta el final va h...

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La ley de Dios es sabia y está avalada por una historia de salvación En el Deuteronomio se entrelazan acontecimientos históricos con llamadas al cumplimiento de la ley. La historia de Dios con su pueblo es el aval de esa ley, lo que le da su autoridad y acierto. En el contexto de la alianza de Dios con Israel, sus mandatos son la contrapartida de su iniciativa salvadora. Si él ha sido siempre fiel a sus promesas, el pueblo tendrá que ser fiel a su propio compromiso con él aceptado y proclamado. Lo que Dios ha prometido a esa fidelidad es una tierra fértil, “que mana leche y miel”. Mientras dura la travesía del desierto eso no se ve, se sufre la dureza de un terreno inhóspito que pone a prueba la lealtad del pueblo liberado de la esclavitud. Tener fe es fiarse enteramente, también y sobre todo en las circunstancias más penosas. Pero no se parte de cero, no se trata de “buscar en el vacío”. Hay precedentes clamorosos. Dios ha hecho ver más de una vez que está cerca de su pueblo, que no s...